jueves, 16 de octubre de 2008

Dos anécdotas de nuestro padre en Vespa (por Javi)

1.- Mi padre trabajaba en aquellos años en el Patrimonio Forestal del Estado haciendo fundamentalmente repoblaciones en los alrededores de Madrid. Se movía en Vespa, una Vespa del Estado. Para pagar la gasolina utilizaba una especie de vales que le proporcionaban en su trabajo que le permitían repostar en cualquier estación de servicio, siempre que fuera de la provincia de Madrid. Como a él le gustaba viajar mucho y no era tonto ideó un sistema para poder aumentar su radio de acción sin tener que pagar gasolina por ahí fuera: hizo acoplar un depósito suplementario de bastantes litros, unos 15 ó 20, en la zona de la bandeja de los pies. No sé como sería el asunto pero tenía que estar bien pensado porque imagino que al volver el lunes al curro no debía quedar ni rastro de semejante dispositivo.

2.- Un día mi padre fue a dar una vuelta en moto por las cercanías de Madrid con alguna novia que tenía en ese momento, creo que no era mi madre. Decidieron ir a Miraflores de la Sierra. La Vespa tenía un sistema de bloqueo del manillar que se liberaba con un giro de media vuelta de una llave que estaba justo bajo el manillar en la parte derecha. El sistema funcionaba muy bien pero tenía un solo fallo. Para bloquear el manillar, se giraba la llave ½ vuelta y luego había que girar la dirección hacia la izquierda hasta que se sobrepasaba un punto y quedaba bloqueada. Sin embargo, era posible, por un fallo evidente de diseño, girar esa media vuelta de forma que si no se giraba a continuación la dirección a la izquierda el dispositivo quedaba activado pero sin llegar a bloquearse. Como os podéis imaginar, el final de esta historia fue que cuando mi padre y su flamante novia llegaron a Miraflores, en medio de una enorme expectación en el pueblo (puesto que aparecer así a bordo de una Vespa en aquel entonces sería algo comparable a llegar hoy día al mismo punto pero a bordo de un helicóptero), con aire señorial, despacito, despacito, se acercaron a la acera al punto donde él había decidido parar, dio la casualidad de que en el último suspiro tuvo que hacer un forzado giro hacia la izquierda que fue lo justo para bloquear la dirección. El resultado fue que, así, a 2 km/h y delante de todo el mundo, mi padre, su novia y su flamante Vespa acabaron con gran estruendo todos por el suelo para regocijo de todo un pueblo en el que generalmente por las tardes no pasaba nada.

1 comentario:

togno dijo...

Creo que me contó qu eel depósito no oestaba conectado de ningún modo a la moto. Simplemente cuando se acababa la gasolina del de la moto, se cogía el otro y se rellenaba...je, je vaya genio y figura!!!